Segreti dei romani

Sobrevivir al calor de julio en Roma entre fuentes y patios

Cómo encontrar un respiro del calor en Roma durante el verano: el mapa de los nasoni, las fuentes de los barrios de Pietro Lombardi y los patios renacentistas abiertos al público.

Sobrevivir al calor de julio en Roma entre fuentes y patios

En julio, el aire de Roma se estanca y los adoquines acumulan calor hasta la noche. Quien camina por la ciudad a mediodía aprende rápido dos cosas: a buscar la sombra de los edificios y a reconocer el sonido del agua corriente. Dejemos a un lado las grandes fuentes monumentales donde se amontonan los turistas con palos de selfi. Hablemos, en cambio, de las pequeñas fuentes de barrio que los romanos usan desde hace generaciones para llenar botellas y mojarse las muñecas. Es una red pública que garantiza agua fresca para todos, un servicio que se remonta a finales del siglo XIX y que hoy sigue siendo un auténtico salvavidas en los meses más calurosos.

El mapa de los nasoni y la sed de julio

La primera defensa contra el bochorno de julio es una columna de hierro fundido oscuro de poco más de un metro de altura. Se llama nasone por ese tubo curvado del que sale un chorro de agua continuo y frío. La temperatura del agua siempre es excelente porque llega directamente de los manantiales de los Apeninos a través de tuberías subterráneas. En Roma hay casi dos mil y encontrar uno suele ser cuestión de dar unos pocos pasos. El primer nasone se instaló en 1874 por iniciativa del alcalde Luigi Pianciani, con tres caños en forma de dragón. Todavía queda alguno de este tipo antiguo, por ejemplo en la Piazza della Rotonda, justo enfrente del Panteón.

Muchos turistas cometen el error de comprar botellas de plástico templadas a los vendedores ambulantes ilegales cerca del Coliseo. En cambio, basta con caminar cincuenta metros para encontrar una fuente gratuita. Para beber sin mojarse la cara, solo hay que tapar el agujero principal con un dedo: el agua saldrá por un pequeño orificio superior con un chorro perfecto para la boca. Quienes quieran planificar un paseo sin quedarse sin agua pueden consultar algunos itinerari consigliati tra le vie romane, útiles para localizar los principales puntos de descanso antes de que el sol apriete demasiado.

Las fuentes de los barrios de Pietro Lombardi

En los años veinte del siglo pasado, el Ayuntamiento decidió que los nasoni de hierro, aunque prácticos, eran demasiado sencillos para las zonas monumentales del centro histórico. Se encargó a un arquitecto, Pietro Lombardi, el diseño de una serie de fuentes artísticas de travertino que recordaran la historia o los oficios tradicionales de cada barrio.

Mi favorita está en Via degli Staderari, a dos pasos de la Piazza Navona. Se llama Fontana dei Libri y está empotrada en la pared. Muestra una cabeza de ciervo, que es el símbolo del barrio de Sant'Eustachio, rodeada por cuatro libros antiguos colocados sobre repisas de piedra. De los libros salen cuatro pequeños chorros de agua que caen en pilas semicirculares. Es un lugar donde siempre me detengo cuando estoy en la zona por trabajo. El agua está muy fría y nunca hay las colas que se forman en las fuentes más grandes.

No muy lejos, cerca de la Piazza Venezia, está la Fontana della Pigna, situada en la pequeña Piazza San Marco. Esta fuente tiene la forma de una piña estilizada apoyada sobre coronas de hojas, desde donde el agua resbala hasta dos pilas a nivel del suelo. Si quiere profundizar en la historia de estas instalaciones urbanas, puede leer la storia del rione Pigna e dei suoi simboli para comprender cómo estas obras de arte menores nacieron para dar servicio a los transeúntes.

Estas fuentes son nueve en total y cada una refleja el carácter de su barrio, como la fuente de las cestas de fruta en Trastevere o la de los timones en Ripa. Para quienes deseen dar un paseo temático sin perderse en los recorridos turísticos habituales, resulta interesante seguir una rassegna dei rioni e delle fontane para descubrir detalles que pasan desapercibidos para la mayoría de los visitantes.

El frescor gratuito de los patios renacentistas

Cuando el termómetro supera los treinta y cinco grados, la piedra de los palacios renacentistas ofrece un refugio inesperado. Muchos de estos edificios tienen patios interiores enormes que funcionan como cámaras de regulación térmica natural. El aire en su interior suele estar tres o cuatro grados más fresco que en la calle.

Un excelente ejemplo es el patio del Palazzo Mattei di Giove, situado en la esquina entre Via dei Funari y Via Caetani. El portón principal suele estar abierto durante el día. Al entrar, se encontrará en un espacio cuadrangular donde las paredes están completamente decoradas con bustos romanos y sarcófagos de piedra empotrados en los muros. Es un patio silencioso, casi sin turistas, donde el ruido del tráfico desaparece por completo. Puede sentarse en los escalones de piedra a la sombra durante diez minutos a leer o a planificar el resto del día. No hace falta pagar entrada, basta con acceder con respeto y sin hacer ruido, ya que se trata de un edificio que alberga oficinas e instituciones de estudios históricos. Otro patio notable y gratuito es el del Palazzo Altemps, cerca de la Piazza Navona, donde la galería renacentista ofrece una sombra constante incluso en las peores horas del día.

Cómo evitar las colas en el Aventino

Otro secreto a voces que, en realidad, ya no es ningún secreto, tiene que ver con la famosa cerradura de la puerta del Priorato de los Caballeros de Malta, en la cima de la colina del Aventino. Todo el mundo sabe que, al mirar por ahí, se ve la cúpula de San Pedro perfectamente alineada al final de un sendero de árboles podados.

La realidad práctica en julio es que, para mirar por esa cerradura, le tocará hacer una cola inmóvil bajo el sol abrasador en la Piazza dei Cavalieri di Malta, a menudo sin una pizca de sombra. Mi consejo es saltarse por completo la cola de la cerradura y entrar, en su lugar, al vecino Giardino degli Aranci. La vista de la cúpula y de los tejados es igual de despejada. Si va hacia las ocho de la tarde, cuando el sol empieza a caer y el aire se vuelve más respirable, encontrará una ligera brisa que sube desde el Tíber. Es el mejor momento para disfrutar de la ciudad desde las alturas sin el agobio de los grupos de turistas que se desplazan en autobús. Además, justo a la entrada del jardín se encuentra otra fuente histórica, la Fontana del Mascherone, ideal para llenar la cantimplora antes de sentarse a ver el atardecer.

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