En junio Roma empieza a arder. El asfalto irradia calor, el viento ponentino tarda en llegar y la cola bajo el sol para entrar en los monumentos más conocidos se convierte en un ejercicio de supervivencia. Quienes viven aquí desde hace años lo saben: en las horas centrales del día la única salvación es bajar al subsuelo. Bajo el nivel de la calle moderna existe una red de espacios frescos, donde la temperatura se mantiene constante en torno a los dieciséis grados sin necesidad de aire acondicionado. Olvidaos de las típicas catacumbas: aquí hablamos de casas y templos que han quedado intactos a lo largo de los siglos, perfectos para esconderse del calor sofocante.
Las casas romanas bajo el Celio
Si subís desde el Coliseo hacia la colina del Celio, por la calle empedrada del Clivo di Scauro, dejaréis atrás el ruido de los autobuses turísticos. Bajo la Basílica de los Santos Juan y Pablo se encuentra uno de los complejos residenciales antiguos mejor conservados de la ciudad. Las Casas Romanas del Celio son un laberinto de más de veinte salas subterráneas distribuidas bajo la iglesia.
Olvidad las típicas ruinas desnudas: aquí se cammina entre habitaciones decoradas con frescos que muestran escenas marinas, tiendas que daban a la calle antigua y patios interiores. Durante el verano, estos espacios acogen eventos nocturnos y visitas guiadas especiales. Podéis consultar los detalles y los horarios actualizados en la programación de verano en los subterráneos.
Para llegar se puede utilizar el metro, bajando en la parada más cercana y continuando a pie. Para obtener información actualizada sobre las tarifas de entrada, os invitamos a consultar la web oficial de turismo de Roma. Es un lugar peculiar, poco frecuentado en comparación con los circuitos de masas, donde la humedad y el silencio os harán olvidar el tráfico que fluye a pocos metros por encima de vuestras cabezas.
Los tres niveles de San Clemente
A poca distancia, en la avenida que va desde el Coliseo hasta San Juan de Letrán, se levanta la Basílica de San Clemente. Este lugar es una especie de pastel de capas de la historia romana. Entrad en la iglesia medieval a nivel de calle, comprad la entrada para acceder a los subterráneos y comenzad el descenso.
El primer nivel inferior os lleva al interior de una basílica del siglo IV, con frescos paleocristianos todavía visibles en las paredes de ladrillo. Si bajáis un poco más, por una escalera estrecha, llegaréis al nivel romano del siglo I. Aquí se camina por un callejón estrecho, flanqueado por una gran casa de vecinos (una insula) y una casa señorial donde había un templo dedicado al dios Mitra.
Lo que más llama la atención en este nivel inferior es el ruido del agua. Se escucha un flujo constante y fuerte: es un antiguo curso de agua que corre por el alcantarillado romano y va a parar al Coliseo. El frescor aquí abajo es casi penetrante, tanto que después de media hora os apetecerá poneros una chaqueta fina. La basílica se encuentra en Via Labicana, a la que se llega fácilmente a pie desde la parada de metro Colosseo.
El palacio de Nerón bajo el parque
Otra opción para escapar del sol de junio es la Domus Aurea, la villa que Nerón se hizo construir tras el incendio del año 64 después de Cristo. Hoy en día, esta enorme estructura se encuentra bajo el parque del Colle Oppio. Cuando los emperadores posteriores decidieron borrar la memoria de Nerón, utilizaron las salas de su palacio como cimientos para las nuevas termas, rellenándolas de tierra. Esto ha permitido que las paredes y los techos pintados se conserven hasta nuestros días.
La visita se realiza con casco, acompañados por un guía, y el acceso está limitado por motivos de conservación. En el interior la temperatura es tan baja que hace falta una chaqueta fina incluso en pleno verano. Para reservar las entradas y consultar las tarifas actualizadas, os aconsejamos visitar la web oficial de turismo de Roma.
La entrada está en Via della Domus Aurea, a pocos pasos de la parada de metro Colosseo. Caminar por estas salas de hasta doce metros de altura, iluminadas solo por focos artificiales, da una idea precisa de la megalomanía de Nerón y, al mismo tiempo, ofrece dos horas de tregua absoluta frente al calor de Roma.
Consejos prácticos para las visitas subterráneas
Antes de bajar al subsuelo hay que tener en cuenta un par de detalles para no arruinar el día.
- Llevad una chaqueta fina o un chal. El contraste térmico entre los treinta y cinco grados del exterior y los dieciséis del subsuelo puede ser considerable.
- Llevad calzado cómodo con suela de goma. Los suelos subterráneos suelen estar húmedos y resbaladizos.
- Comprobad siempre los horarios de entrada en las webs oficiales. Algunos de estos lugares, como la Domus Aurea, requieren reservar con mucha antelación y solo abren determinados días de la semana.
Si queréis planificar vuestro itinerario de verano de la mejor manera y tener información actualizada sobre la apertura de los museos, podéis consultar la web oficial de turismo de Roma.
